Coplas a la muerte del "Pullín" del Regueiro

                   Autora: Consuelo Alonso (Escritas en la década de los cuarenta del siglo pasado)

¡Arriba el pollín de Pedro!

¡Atención la España entera!
Que hubo un extraordinario:

Murió el pullín del Regueiro

más arriba del Ribayo.

Urbana llora de pena,
Lucía se desmayó,
Pedro echa mil juramentos
porque Dios se lo llevó.
María, como es de más calma,
decía muy apenada:
¡Ya se nos murió el jumento!
¿Que será de nuestra Urbana?
Josefa también solloza
en el rincón de la casa,
y dice de esta manera,
con voz muy desesperada:
Ya se nos murió el caballo,
y con todos sus galones
con la cama del marino
y el collar de los ratones.
Treinta años tenía de vida,
y a los cuarenta llegaba
si no fuera tanto pienso
que comió en esta envernada,
que no tenía en el vientre
más que granos de cebada.
Lo teneis en La Campina,
allí está cuerpo presente,
¡Tiene una piel tan dura!,
ni los lobos lo acometen.
Mañana por la mañana
le hacen el funeral,
Pedro canta el "guri-guri"
y María el "Carrascal".
Vino a comprarlo un gitano,
Urbana no lo quería dar,
porque Pedro le decía
que valía pa tratar.
Compañero de mi vida,
le decía Urbana afligida,


dormimos en el cabildo

la noche de la Caída.

¿No te acuerdas, compañero          de aquel día tan malo 

que dormimos en Tejedo 

en el portal de José'l Cabo

Tiene las patas torcidas

de tanto como lo herraron,
que enriqueció los herreros 
que había camino de Grado.
Cuando fueron con los bracos,
le dieron una corrida,
y lo subieron a rastro 
por La Gamondia pa'rriba.
Como llevaba mucha hambre
no hacía más que roncar,
y Urbana le decía:
¡Un rayo te va a matar!.
Al sacarlo de la cuadra,
él dice de esta manera:
¡Adios Urbana del alma,
que no vuelvo a entrar en ella!.
Al llegar ante Ca'Nolo,
por primera vez cayó,
a Urbana le dió un desmayo
cuando en el suelo lo vió.
Entre el hórreo Pepa Milia 
fué la segunda estación,
lo cogieron entre cuatro,
lo llevan al Vispeirón.
Ahora va el nieto Quiñones,
para  acabar de matarlo,
le pega un empujón
y lo tira al barranco.
Se puso a hacer testamento,
pero con mucho trabajo.
Herraduras no las tengo,
albarda traigo un pedazo,
alforjas no las conozco,
y de manta llevo un trapo.


No tengas pena, Urbana,           también se murió la gocha,

la llevaste pal'Xuanico,

metida en una "goxa".

El caballo en sus días de fuerza   metía miedo,

que carretaba el convoy

por las tierras de Somiedo.          Fuiste a estar con los guardias       por causa de las coplas 

y los guardias te dijeron:

Nada les puedes hacer,

y los guardias te dijeron:

Si lo cantan hacen bien.

Dispensarme los presentes,

de lo que no me acordaba.
Y también el testamento,
lo ha dejado en la cuadra.
Reunidos en la cocina
allí lo presenta Urbana
y se lo entrega a Lucía
como mujer estudiada.
Y lo leen entre todos
por ver lo que les tocaba:
Las orejas pa Josefa,
la dentadura pa Urbana,
y las patas pa Lucía,
porque las de ella son zambas.
A Pedro y a María,
les deja desamparados,
porque en toda su vida
no le dieron ni un bocado.
                      FIN